Escrita por Quino, Mafalda viene siendo una caricatura muy famosa de una pequeña niña muy reflexiva acerca del mundo, la política, y las problemáticas que encontramos día a día.
Es mi caricatura preferida, y puedo reírme con las cosas que esta pequeña dice, aunque ya lo haya leido antes.
A Mafalda le gustan los Beatles y odia la sopa. Lo segundo lo tenemos en común.
Quiero publicar unas cuantas frases reflexivas de Mafalda, mis preferidas, y poco a poco iré publicando tiras cómicas, o quizás más frases. ¡Disfruten! Bendiciones.
"¿Y si en vez de planear tanto, voláramos un poco más alto?"
"¿No sería mucho más progresista preguntar a dónde vamos a seguir, en lugar de a dónde vamos a parar?"
"No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. ¡Desde mañana mismo empiezo!"
"Hoy decidí aceptar la realidad... ¡Cuando se ponga linda, me avisan!"
"No es necesario decir todo lo que se piensa. Lo que sí es necesario es pensar en todo lo que se dice."
"¿Por dónde hay que empujar este país para llevarlo adelante?"
"Mamá, cuando yo sea grande, voy a ir a la escuela, y voy a ir a la facultad para estudiar y prepararme para no ser una mujer mediocre y frustrada como vos.... 'Es lindo reconfortar a una madre'. "
"¿No será acaso que esta vida moderna está teniendo más de moderna que de vida?"
"¡La sopa es a la niñez lo que el comunismo es a la democracia!"
"Lo malo de ser niño es que cuentas la historia de tu vida en tres patadas."
Frase del día: "Conócete a ti mismo" Mafalda: "Buen consejo, pero hoy no tengo ánimos de andar haciendo turismo por adentro mío."
"Zaaaas... plum, clank... Wiiisss... Ponk, plaas, punkkkk..." Mafalda: "¡Zaaas, está descompuesta la radio!" Locutor: "Usted acaba de escuchar música electrónica." Mafalda: "¡Zaaaas, está descompuesto el arte!"
Mafalda: "Mamá, vamos a jugar a los presidentes..." Mamá de Mafalda: "De acuerdo, pero tengan cuidado con lo que hacen." Mafalda: "No te preocupes, vamos a estar sentados, sin hacer absolutamente nada."
¡Todo se trata de Él!
Un pequeño lugar de mundo donde plasmar ideas, frases, pensamientos, y sobre todo, la palabra de Dios.
domingo, 31 de octubre de 2010
martes, 21 de septiembre de 2010
Sinopsis Madame Bovary
Autor: Gustave Flaubert.
Considerada unánimemente una de las mejores novelas de todos los tiempos, Madame Bovary narra la oscura tragedia de Emma Bovary, mujer infelizmente casada, cuyos sueños choca cruelmente con la realidad. Al hechizo que ejerce la figura de la protagonista hay que añadir la sabia combinación argumental de rebeldía, violencia, melodrama y sexo, «los cuatro grandes ríos», como afirmó en su día Mario Vargas Llosa, que alimentan esta historia inigualable. La publicación de esta obra en 1857 fue recibida con gran polémica y se procesó a Flaubert por atentar contra la moral. A través del personaje de Madame Bovary, el autor rompe con todas las convenciones morales y literarias de la Burguesía del siglo XIX, tal vez porque nadie antes se había atrevido a presentar un prototipo de heroína de ficción rebelde y tan poco resignada al destino. Hoy existe el término «bovarismo» para aludir aquel cambio del prototipo de la mujer idealizada que difundió el romanticismo, negándole sus derechos a la pasión. Ella actúa de acuerdo a la pasión y necesidad que siente su corazón de avanzar en la búsqueda de su felicidad, pasando por los ideales establecidos para la mujer en esa época. Rompe con el denominado encasillamiento en que la mayoría de las mujeres estaban sometidas.
Opinión personal:
Considerada unánimemente una de las mejores novelas de todos los tiempos, Madame Bovary narra la oscura tragedia de Emma Bovary, mujer infelizmente casada, cuyos sueños choca cruelmente con la realidad. Al hechizo que ejerce la figura de la protagonista hay que añadir la sabia combinación argumental de rebeldía, violencia, melodrama y sexo, «los cuatro grandes ríos», como afirmó en su día Mario Vargas Llosa, que alimentan esta historia inigualable. La publicación de esta obra en 1857 fue recibida con gran polémica y se procesó a Flaubert por atentar contra la moral. A través del personaje de Madame Bovary, el autor rompe con todas las convenciones morales y literarias de la Burguesía del siglo XIX, tal vez porque nadie antes se había atrevido a presentar un prototipo de heroína de ficción rebelde y tan poco resignada al destino. Hoy existe el término «bovarismo» para aludir aquel cambio del prototipo de la mujer idealizada que difundió el romanticismo, negándole sus derechos a la pasión. Ella actúa de acuerdo a la pasión y necesidad que siente su corazón de avanzar en la búsqueda de su felicidad, pasando por los ideales establecidos para la mujer en esa época. Rompe con el denominado encasillamiento en que la mayoría de las mujeres estaban sometidas.
Opinión personal:
Mi libro preferido.
miércoles, 8 de septiembre de 2010
Ahorremos. Cuidemos. Conservemos.
Pasándome de filósofa un poco, quiero decir unas cuántas cosas que iba pensando por la autopista...
Veía árboles destrozados, postes de faros caídos, basura, botellas... Hay lugares que parecen basureros. E incluso, en un pueblo, puedes ver cómo las personas que habitan allí mismo, lanzan sus desperdicios por doquier, sin importarles la salud pública. Creo que influye el hecho del país donde vivo. Quizás el problema es que no hay suficientes recursos, o la mentalidad de la personas. Considero que es una unión de todo eso.
Pero no sólo pasa aquí. Estoy segura de que en todos los países, en todos lados, se ve tanta dejadez con la ecología, nuestro medio ambiente y por nuestra propia salud.
Yo, sinceramente, no soy la persona más ecológica. De hecho creo que soy poco ecológica. Cuando puedo, intento ahorrar la energía, apagar luces cuando no se estén utilizando, agacharme unos segundos para recoger algún desperdicio que no debería estar en la grama, o en el caminito del parque, sino en la basura. Creo que son muchas las personas que hacen este tipo de cosas. Pero también están esos otros que hacen campañas, que se preocupan por nuestra situación y buscan concientizar a las personas. ¡Yo admiro a esas personas, ciertamente! Pero el hecho es que no soy una de ellas. Soy una persona común, que teniendo un poco de razonamiento y entendimiento, puede comprender el mal estado en el que ahora se encuentra nuestro planeta. Nuestro hermoso planeta, con la naturaleza, los animales... Dejemos de contaminarlo.
Invito a todo el que lea esto, a cada día proponerse ahorrar aunque sea 1 litro de agua, o si van por la calle, ven algún desecho mal situado... Nada cuesta agacharse y botarlo en su lugar. No es culpa suya, es cierto, ustedes no lo lanzaron allí, pero a lo mejor poco a poco podemos demostrar que hay más personas preocupadas por nuestro mundo de lo que parece. Y les aseguro: habrá algo en su interior, una sensación de bienestar con ustedes mismos por haber hecho algo bueno cada día. Se acostarán cada noche con la sensación de que no desperdiciaron su día, puesto que hicieron algo bueno por el mundo. Imagínense, ¡por el mundo! Eso no puede menospreciarse, de ningún modo.
Así que, si van a ayudarme a difundir esto, y cada uno le pide a cinco personas más, así sean familiares o amigos, que se unan a esta pequeña campaña, ¡poco a poco será algo grande! Como nunca he sido demasiado fanática de las matemáticas, aproximemos: Si cinco personas leen esto, y se lo dicen a cinco más, cada uno, seríamos treinta y seis personas (contándome a mí y mis cinco personas) involucradas en este mini-proyecto. Y oigan, si ahorramos 1 litro de agua al día, cada uno, serían 36 litros de agua al día, ahorrados entre 36 personas. ¿No es eso increíble? Pongámoslo en práctica. Ahorremos. Cuidemos. Conservemos.
¿Cómo podemos ahorrar?
Pues... ¿Recuerdas cuando la semana pasada derramaste un vaso de agua, por andar de atorado, y tuviste que limpiar ese reguero y servirte de nuevo? Perdiste tiempo, y al menos unos 250 mililitros.
O ¿tal vez, lavando los platos, mantienes el grifo abierto cuando estás enjabonando, es decir, sin necesidad de mantenerlo abierto?
Vamos, ya te he hecho una invitación. Ahora sólo tienes que aceptar mi propuesta y comprometerte con el medio ambiente. Mi medio ambiente. Pero también TU medio ambiente.
Voy a recordar algo que dice la Biblia, precisamente en el primer capítulo de Génesis, el primer libro:
"Y los bendijo Dios, y les dijo Dios: 'Sean fecundos y multiplíquense y llenen la tierra y sométanla; manden en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra'.
Dijo Dios: 'Vean que les he dado toda hierba de semilla que existe sobre la haz de toda la tierra, así como todo árbol que lleva fruto de semilla; para ustedes será de alimento. Y a todo animal terrestre, y a toda ave de los cielos y a toda sierpe de sobre la tierra, animada de vida, toda la hierba verde les doy de alimento.' Y así fue."
Génesis 1:28-30.
Es decir... Dios nos encargó... O más bien... Nos OBSEQUIÓ todo lo que existe en este mundo. Nos encargó el mundo y todo lo que hay en él. Los animales, las plantas... "toda hierba de semilla que existe sobre la haz de toda la tierra, [...]. Y a todo animal terrestre, y a toda ave de los cielos y a toda sierpe de sobre la tierra, animada de vida, toda la hierba verde les doy de alimento".
Debemos reflexionar esto un poco, y decidir cómo vamos a responder a esto... Si el planeta nos fue encargado, podríamos mostrar un poco de gratitud, de respeto por él y cuidarlo... No dejemos que el asunto se escape de nuestras manos... ¡Aún tenemos una oportunidad para salvarlo!
Aunque esto suene un poco a cliché, estoy segura de que algunos se lo tomarán en serio, y este mensaje no será en vano. Con uno solo que haga caso a esto, ya significa un gran regocijo para mí. Gracias a todos.
Miles de bendiciones para todos. ¡Dios les tenga en su infinita gloria!
Un abrazo,
Gabriela Millán.
Veía árboles destrozados, postes de faros caídos, basura, botellas... Hay lugares que parecen basureros. E incluso, en un pueblo, puedes ver cómo las personas que habitan allí mismo, lanzan sus desperdicios por doquier, sin importarles la salud pública. Creo que influye el hecho del país donde vivo. Quizás el problema es que no hay suficientes recursos, o la mentalidad de la personas. Considero que es una unión de todo eso.
Pero no sólo pasa aquí. Estoy segura de que en todos los países, en todos lados, se ve tanta dejadez con la ecología, nuestro medio ambiente y por nuestra propia salud.
Yo, sinceramente, no soy la persona más ecológica. De hecho creo que soy poco ecológica. Cuando puedo, intento ahorrar la energía, apagar luces cuando no se estén utilizando, agacharme unos segundos para recoger algún desperdicio que no debería estar en la grama, o en el caminito del parque, sino en la basura. Creo que son muchas las personas que hacen este tipo de cosas. Pero también están esos otros que hacen campañas, que se preocupan por nuestra situación y buscan concientizar a las personas. ¡Yo admiro a esas personas, ciertamente! Pero el hecho es que no soy una de ellas. Soy una persona común, que teniendo un poco de razonamiento y entendimiento, puede comprender el mal estado en el que ahora se encuentra nuestro planeta. Nuestro hermoso planeta, con la naturaleza, los animales... Dejemos de contaminarlo.
Invito a todo el que lea esto, a cada día proponerse ahorrar aunque sea 1 litro de agua, o si van por la calle, ven algún desecho mal situado... Nada cuesta agacharse y botarlo en su lugar. No es culpa suya, es cierto, ustedes no lo lanzaron allí, pero a lo mejor poco a poco podemos demostrar que hay más personas preocupadas por nuestro mundo de lo que parece. Y les aseguro: habrá algo en su interior, una sensación de bienestar con ustedes mismos por haber hecho algo bueno cada día. Se acostarán cada noche con la sensación de que no desperdiciaron su día, puesto que hicieron algo bueno por el mundo. Imagínense, ¡por el mundo! Eso no puede menospreciarse, de ningún modo.
Así que, si van a ayudarme a difundir esto, y cada uno le pide a cinco personas más, así sean familiares o amigos, que se unan a esta pequeña campaña, ¡poco a poco será algo grande! Como nunca he sido demasiado fanática de las matemáticas, aproximemos: Si cinco personas leen esto, y se lo dicen a cinco más, cada uno, seríamos treinta y seis personas (contándome a mí y mis cinco personas) involucradas en este mini-proyecto. Y oigan, si ahorramos 1 litro de agua al día, cada uno, serían 36 litros de agua al día, ahorrados entre 36 personas. ¿No es eso increíble? Pongámoslo en práctica. Ahorremos. Cuidemos. Conservemos.
¿Cómo podemos ahorrar?
Pues... ¿Recuerdas cuando la semana pasada derramaste un vaso de agua, por andar de atorado, y tuviste que limpiar ese reguero y servirte de nuevo? Perdiste tiempo, y al menos unos 250 mililitros.
O ¿tal vez, lavando los platos, mantienes el grifo abierto cuando estás enjabonando, es decir, sin necesidad de mantenerlo abierto?
Vamos, ya te he hecho una invitación. Ahora sólo tienes que aceptar mi propuesta y comprometerte con el medio ambiente. Mi medio ambiente. Pero también TU medio ambiente.
Voy a recordar algo que dice la Biblia, precisamente en el primer capítulo de Génesis, el primer libro:
"Y los bendijo Dios, y les dijo Dios: 'Sean fecundos y multiplíquense y llenen la tierra y sométanla; manden en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra'.
Dijo Dios: 'Vean que les he dado toda hierba de semilla que existe sobre la haz de toda la tierra, así como todo árbol que lleva fruto de semilla; para ustedes será de alimento. Y a todo animal terrestre, y a toda ave de los cielos y a toda sierpe de sobre la tierra, animada de vida, toda la hierba verde les doy de alimento.' Y así fue."
Génesis 1:28-30.
Es decir... Dios nos encargó... O más bien... Nos OBSEQUIÓ todo lo que existe en este mundo. Nos encargó el mundo y todo lo que hay en él. Los animales, las plantas... "toda hierba de semilla que existe sobre la haz de toda la tierra, [...]. Y a todo animal terrestre, y a toda ave de los cielos y a toda sierpe de sobre la tierra, animada de vida, toda la hierba verde les doy de alimento".
Debemos reflexionar esto un poco, y decidir cómo vamos a responder a esto... Si el planeta nos fue encargado, podríamos mostrar un poco de gratitud, de respeto por él y cuidarlo... No dejemos que el asunto se escape de nuestras manos... ¡Aún tenemos una oportunidad para salvarlo!
Aunque esto suene un poco a cliché, estoy segura de que algunos se lo tomarán en serio, y este mensaje no será en vano. Con uno solo que haga caso a esto, ya significa un gran regocijo para mí. Gracias a todos.
Miles de bendiciones para todos. ¡Dios les tenga en su infinita gloria!
Un abrazo,
Gabriela Millán.
martes, 24 de agosto de 2010
El príncipe feliz - Oscar Wilde (1era parte.)
En lo alto, dominando la ciudad y situada encima de una elevada columna, se hallaba la estatua del Príncipe Feliz. Era una estatua dorada, toda cubierta con delgadas láminas de oro fino; por ojos tenía dos resplandecientes zafiros y un gran rubí brillaba en la empuñadura de su espada. ¡Verdaderamente, se trataba de una estatua admirable!
-Es tan hermosa como una veleta –indicó uno de los concejales, que deseaba ganarse la reputación de tener muy buen gusto artístico-. Solamente que no es tan útil- añadió temiendo que la gente pudiese pensar que era poco práctico, cosa muy alejada de la realidad.
-¿Por qué no serás igual que el Príncipe Feliz? –le preguntó una juiciosa madre a su hijito que lloraba desvariando al pedir la luna- El Príncipe Feliz nunca lloraba pidiendo cualquier cosa.
-Me siento contento al ver que, en el mundo, alguien es completamente dichoso –murmuró un hombre ya sin ilusiones, mirando fijamente la maravillosa estatua.
-¡Tiene el aspecto de un ángel! –exclamaron los niños del Hospicio mientras salían de la catedral con sus resplandecientes capas escarlatas y sus blancos y limpios uniformes.
-¿Qué sabéis vosotros? –preguntó el maestro de matemáticas-, si nunca habéis visto uno.
-¡Claro que sí, los hemos visto en sueños! –respondieron ellos y el maestro de matemáticas los miró muy severo frunciendo el ceño porque no aprobaba el que los niños soñaran.
Cierta noche voló sobre esa misma ciudad una pequeña golondrina. Sus amigas de habían ido a Egipto seis semanas antes, pero ella iba con retraso porque se había enamorado del más hermoso de los junquillos. Ambos se conocieron al principio de la primavera mientras ella volaba sobre el río persiguiendo a una polilla gruesa y amarillenta, fue entonces cuando se sintió atraída por la esbeltez de aquel Junquillo que, inmóvil, no podía ir a su encuentro.
-¿Debo amarte? –quiso saber la golondrina, que se prendó inmediatamente de él en cuanto le hizo una reverencia. Así pues, voló en círculos alrededor suyo, tocando el agua con sus alas y haciendo plateadas olitas. De esta manera se desenvolvió su cortejo durante todo el verano.
-Es un noviazgo ridículo –piaron las otras golondrinas-. Él no tiene dinero, carece de relaciones, y encima el río está lleno de sus parientes los otros junquillos, además, cuando el otoño venga todas nosotras volaremos lejos de aquí.
Llegado el momento, las golondrinas se fueron y ella se quedó sola y empezó a cansarse de su amado.
-Carece de conversación –reflexionaba- y me temo que sea un conquistador porque siempre está flirteando con la brisa.
Y era cierto, pues, cuando ésta soplaba, el Junquillo se inclinaba ante ella galantemente una y mil veces.
-Admito que sea hogareño –continuó la golondrina-, pero a mí me gusta viajar, y, a mi esposo, consecuentemente, tiene que agradarle también.
-¿Vienes conmigo? –le pregunto al final. El Junquillo dijo que no con la cabeza porque estaba muy unido a su hogar.
-¡Veo que te importo muy poco! –gritó ella- Estoy muy lejos de las pirámides, así que me voy. ¡Adiós! –y se alejó volando.
A lo largo de todo el día estuvo de viaje y al atardecer arribó a la ciudad.
-¿En dónde voy a instalarme? –se preguntó- Espero que la ciudad tenga preparado algún tipo de alojamiento en estos casos. Entonces vio la estatua sobre una elevada columna.
-Quiero aposentarme ahí arriba –exclamó-; es un buen lugar con abundancia de aire fresco. Y descendió hasta situarse entre los pies del Príncipe Feliz.
-Tengo un dormitorio dorado –se dijo blandamente mientras miraba en derredor y ya se disponía a dormir, pero justo estaba poniendo la cabeza bajo el ala, cuando una gran gota de agua cayó sobre ella.
-¡Qué cosa más curiosa! –comentó-; aquí no hay una sola nube en el cielo, las estrellas están completamente claras y brillantes, y, sin embargo, llueve. El clima en el norte de Europa es verdaderamente terrible. Pero al Junquillo le gustaba la lluvia simplemente porque es un egoísta.
Entonces cayó otra gota.
-¿Para que sirve una estatua si no puede guarecerte de la lluvia? –se dijo- Debo procurarme el cobijo de una buena chimenea –y decidió volar de nuevo.
Pero antes de que desplegase las alas, cayó una tercera gota y al mirar hacia arriba vio... ¡Ah, qué es lo que vio! Los ojos del Príncipe Feliz estaban llenos de lágrimas y éstas se deslizaban incontenibles por sus mejillas de oro. Su rostro era tan hermoso a la luz de la luna, que la pequeña golondrina se sintió llena de piedad.-¿Quién eres tú?- preguntó.
-Yo soy el Príncipe Feliz.
-¿Entonces, por qué estás llorando? –quiso saber la golondrina –Me has dejado completamente empapada.
-Cuando estaba vivo y tenía un corazón humano –respondió la estatua-, no conocía las lágrimas porque moraba en el palacio del Sans-Souci, en donde la tristeza tenía prohibida la entrada. Durante el día, jugaba con mis compañeros en el jardín y al caer la noche bailaba en el gran salón. Rodeando el jardín había un muro muy alto, pero nunca me preocupé en preguntar que se extendía detrás de él; ¡todo cuanto había a mi alrededor era tan hermoso! Mis cortesanos me llamaban el Príncipe Feliz y yo era dichosos de veras, si es que el placer otorga la felicidad. Así viví y así morí. Y ahora que estoy muerto, me han colocado aquí arriba, tan alto, que puedo ver todo lo feo y todo lo miserable de mi ciudad, y aunque mi corazón esté hecho de plomo, no puedo dejar de llorar.
-Pero, ¿no es de oro puro? –se interrogó la golondrina ya que era demasiado educada para realizar una observación personal en alta voz.
-Allá lejos –prosiguió la estatua con su acento musical-, allá lejos, en una callejuela hay un pobre hogar. Una de las ventanas está abierta y a través de ella puedo ver a una mujer sentada a la mesa. Su rostro es delgado, está envejecido y tiene las manos toscas y rojas, llenas de alfilerazos por la aguja, ya que es costurera. Borda pasionarias sobre un vestido de satén para las más adorable de las doncellas de honor de la reina, que irán al próximo baile de la corte. En un ángulo de la habitación, su hijito está acostado en la cama, enfermo. Está con fiebre y pide naranjas. Su madre no tiene nada que darle como no sea agua del río y el niño llora. Golondrina, golondrina, pequeña golondrina, ¿quieres llevarle el rubí de la empuñadura de mi espada?; tengo los pies clavados a este pedestal y no puedo moverme.
-Me aguardan en Egipto, -repuso la golondrina-; mis amigas ya están volando sobre el Nilo y charlando con las flores de loto, pronto dormirán en la tumba del gran rey. El rey está allí en su ataúd pintado; yace envuelto en lino amarillo y ha sido embalsamado con especias. Alrededor de su cuello luce una cadena de jade verde pálido y sus manos son iguales a hojas marchitas.
-Golondrina, golondrina, pequeña golondrina, -dijo el Príncipe-, ¿no quiere permanecer conmigo una sola noche y ser mi mensajera?; el muchacho está sediento y la madre ¡tan triste!...
-A mi no me gustan los chicos –le explicó la golondrina-. El último verano, viviendo yo junto al río, había allí dos muchachos muy brutos, hijos del molinero, que estaban siempre tirándome piedras. Por supuesto nunca me dieron, porque nosotras las golondrinas volamos demasiado lejos de su alcance, y, por otra parte, yo provengo de una familia célebre por su agilidad, mas aún así, semejante comportamiento era señal de poco respeto.
El Príncipe Feliz miró tan apesadumbrado a la pequeña golondrina que ésta se entristeció.-Hace mucho frió aquí –repuso-, sin embargo me quedaré contigo por una noche, y seré tu mensajera.
-Gracias, pequeña golondrina –dijo el Príncipe.
La golondrina arrancó el gran rubí de la empuñadura de la espada del Príncipe y con él en su pico voló sobre los tejados de la ciudad.
Volando pasó cerca de la torre de la catedral que era en donde estaban esculpidos los ángeles de mármol blanco. Pasó junto a palacio y pudo escuchar el sonido de la música de baile. Una hermosa muchacha salió al balcón con su enamorado.
-¡Qué maravillosas son las estrellas –le decía él-, y que maravilloso es el poder del amor!
-Estoy esperando mi vestido y quiero que esté listo a tiempo para el baile –respondió ella-. He ordenado que me lo borden con pasionarias, ¡pero estas costureras son tan perezosas!
La golondrina voló sobre el río y vio las farolas colgando de los mástiles de los barcos. Voló sobre el ghetto, y vio a los viejos judíos regateando entre ellos y pesando dinero en balanzas de cobre. Finalmente llegó a la humilde casa y miró adentro. El chico se encontraba en su cama, tosiendo enfebrecido y la madre se había quedado dormida porque hallábase muy cansada.
La golondrina se introdujo en la habitación y dejó caer el enorme rubí sobre la mesa, cerca del dedal de la mujer. Entonces revoloteó suavemente alrededor de la cama, abanicando la frente del niño con sus alas.
-¡Qué fresco siento! –exclamó en chico- Debo estar mejor -y cayo en un delicioso sueño.
De nuevo la golondrina voló regresando junto al Príncipe Feliz y le contó lo que había visto.
-Es curioso –comentó-, pero he entrado en calor ahora, aunque hace tanto frío.
-Eso es porque has realizado una buena acción –dijo le Príncipe, y la pequeña golondrina comenzó a pensar y después se durmió; siempre que pensaba le entraba sueño.
Al despuntar el día, ella voló sobre el río y tomó un baño.
-¡Qué fenómeno más notable! –dijo el profesor de ornitología, mientras pasaba por el puente- ¡Una golondrina en invierno! –y escribió una larga carta acerca de ello enviándola al periódico local. Cada lector se interesó mucho, pero estaba llena de tantas palabras que no lo pudieron entender.
-¡Esta noche me iré a Egipto! –proclamó la golondrina y estaba muy animada ante la perspectiva. Pero antes fue a visitar todos los monumentos públicos, permaneciendo largo tiempo sobre el campanario de la iglesia.
Donde quiera que ella pasaba los gorriones murmuraban entre sí:
-¡Qué extranjera más distinguida! –lo que a ella la colmaba de satisfacción.
-Es tan hermosa como una veleta –indicó uno de los concejales, que deseaba ganarse la reputación de tener muy buen gusto artístico-. Solamente que no es tan útil- añadió temiendo que la gente pudiese pensar que era poco práctico, cosa muy alejada de la realidad.
-¿Por qué no serás igual que el Príncipe Feliz? –le preguntó una juiciosa madre a su hijito que lloraba desvariando al pedir la luna- El Príncipe Feliz nunca lloraba pidiendo cualquier cosa.
-Me siento contento al ver que, en el mundo, alguien es completamente dichoso –murmuró un hombre ya sin ilusiones, mirando fijamente la maravillosa estatua.
-¡Tiene el aspecto de un ángel! –exclamaron los niños del Hospicio mientras salían de la catedral con sus resplandecientes capas escarlatas y sus blancos y limpios uniformes.
-¿Qué sabéis vosotros? –preguntó el maestro de matemáticas-, si nunca habéis visto uno.
-¡Claro que sí, los hemos visto en sueños! –respondieron ellos y el maestro de matemáticas los miró muy severo frunciendo el ceño porque no aprobaba el que los niños soñaran.
Cierta noche voló sobre esa misma ciudad una pequeña golondrina. Sus amigas de habían ido a Egipto seis semanas antes, pero ella iba con retraso porque se había enamorado del más hermoso de los junquillos. Ambos se conocieron al principio de la primavera mientras ella volaba sobre el río persiguiendo a una polilla gruesa y amarillenta, fue entonces cuando se sintió atraída por la esbeltez de aquel Junquillo que, inmóvil, no podía ir a su encuentro.
-¿Debo amarte? –quiso saber la golondrina, que se prendó inmediatamente de él en cuanto le hizo una reverencia. Así pues, voló en círculos alrededor suyo, tocando el agua con sus alas y haciendo plateadas olitas. De esta manera se desenvolvió su cortejo durante todo el verano.
-Es un noviazgo ridículo –piaron las otras golondrinas-. Él no tiene dinero, carece de relaciones, y encima el río está lleno de sus parientes los otros junquillos, además, cuando el otoño venga todas nosotras volaremos lejos de aquí.
Llegado el momento, las golondrinas se fueron y ella se quedó sola y empezó a cansarse de su amado.
-Carece de conversación –reflexionaba- y me temo que sea un conquistador porque siempre está flirteando con la brisa.
Y era cierto, pues, cuando ésta soplaba, el Junquillo se inclinaba ante ella galantemente una y mil veces.
-Admito que sea hogareño –continuó la golondrina-, pero a mí me gusta viajar, y, a mi esposo, consecuentemente, tiene que agradarle también.
-¿Vienes conmigo? –le pregunto al final. El Junquillo dijo que no con la cabeza porque estaba muy unido a su hogar.
-¡Veo que te importo muy poco! –gritó ella- Estoy muy lejos de las pirámides, así que me voy. ¡Adiós! –y se alejó volando.
A lo largo de todo el día estuvo de viaje y al atardecer arribó a la ciudad.
-¿En dónde voy a instalarme? –se preguntó- Espero que la ciudad tenga preparado algún tipo de alojamiento en estos casos. Entonces vio la estatua sobre una elevada columna.
-Quiero aposentarme ahí arriba –exclamó-; es un buen lugar con abundancia de aire fresco. Y descendió hasta situarse entre los pies del Príncipe Feliz.
-Tengo un dormitorio dorado –se dijo blandamente mientras miraba en derredor y ya se disponía a dormir, pero justo estaba poniendo la cabeza bajo el ala, cuando una gran gota de agua cayó sobre ella.
-¡Qué cosa más curiosa! –comentó-; aquí no hay una sola nube en el cielo, las estrellas están completamente claras y brillantes, y, sin embargo, llueve. El clima en el norte de Europa es verdaderamente terrible. Pero al Junquillo le gustaba la lluvia simplemente porque es un egoísta.
Entonces cayó otra gota.
-¿Para que sirve una estatua si no puede guarecerte de la lluvia? –se dijo- Debo procurarme el cobijo de una buena chimenea –y decidió volar de nuevo.
Pero antes de que desplegase las alas, cayó una tercera gota y al mirar hacia arriba vio... ¡Ah, qué es lo que vio! Los ojos del Príncipe Feliz estaban llenos de lágrimas y éstas se deslizaban incontenibles por sus mejillas de oro. Su rostro era tan hermoso a la luz de la luna, que la pequeña golondrina se sintió llena de piedad.-¿Quién eres tú?- preguntó.
-Yo soy el Príncipe Feliz.
-¿Entonces, por qué estás llorando? –quiso saber la golondrina –Me has dejado completamente empapada.
-Cuando estaba vivo y tenía un corazón humano –respondió la estatua-, no conocía las lágrimas porque moraba en el palacio del Sans-Souci, en donde la tristeza tenía prohibida la entrada. Durante el día, jugaba con mis compañeros en el jardín y al caer la noche bailaba en el gran salón. Rodeando el jardín había un muro muy alto, pero nunca me preocupé en preguntar que se extendía detrás de él; ¡todo cuanto había a mi alrededor era tan hermoso! Mis cortesanos me llamaban el Príncipe Feliz y yo era dichosos de veras, si es que el placer otorga la felicidad. Así viví y así morí. Y ahora que estoy muerto, me han colocado aquí arriba, tan alto, que puedo ver todo lo feo y todo lo miserable de mi ciudad, y aunque mi corazón esté hecho de plomo, no puedo dejar de llorar.
-Pero, ¿no es de oro puro? –se interrogó la golondrina ya que era demasiado educada para realizar una observación personal en alta voz.
-Allá lejos –prosiguió la estatua con su acento musical-, allá lejos, en una callejuela hay un pobre hogar. Una de las ventanas está abierta y a través de ella puedo ver a una mujer sentada a la mesa. Su rostro es delgado, está envejecido y tiene las manos toscas y rojas, llenas de alfilerazos por la aguja, ya que es costurera. Borda pasionarias sobre un vestido de satén para las más adorable de las doncellas de honor de la reina, que irán al próximo baile de la corte. En un ángulo de la habitación, su hijito está acostado en la cama, enfermo. Está con fiebre y pide naranjas. Su madre no tiene nada que darle como no sea agua del río y el niño llora. Golondrina, golondrina, pequeña golondrina, ¿quieres llevarle el rubí de la empuñadura de mi espada?; tengo los pies clavados a este pedestal y no puedo moverme.
-Me aguardan en Egipto, -repuso la golondrina-; mis amigas ya están volando sobre el Nilo y charlando con las flores de loto, pronto dormirán en la tumba del gran rey. El rey está allí en su ataúd pintado; yace envuelto en lino amarillo y ha sido embalsamado con especias. Alrededor de su cuello luce una cadena de jade verde pálido y sus manos son iguales a hojas marchitas.
-Golondrina, golondrina, pequeña golondrina, -dijo el Príncipe-, ¿no quiere permanecer conmigo una sola noche y ser mi mensajera?; el muchacho está sediento y la madre ¡tan triste!...
-A mi no me gustan los chicos –le explicó la golondrina-. El último verano, viviendo yo junto al río, había allí dos muchachos muy brutos, hijos del molinero, que estaban siempre tirándome piedras. Por supuesto nunca me dieron, porque nosotras las golondrinas volamos demasiado lejos de su alcance, y, por otra parte, yo provengo de una familia célebre por su agilidad, mas aún así, semejante comportamiento era señal de poco respeto.
El Príncipe Feliz miró tan apesadumbrado a la pequeña golondrina que ésta se entristeció.-Hace mucho frió aquí –repuso-, sin embargo me quedaré contigo por una noche, y seré tu mensajera.
-Gracias, pequeña golondrina –dijo el Príncipe.
La golondrina arrancó el gran rubí de la empuñadura de la espada del Príncipe y con él en su pico voló sobre los tejados de la ciudad.
Volando pasó cerca de la torre de la catedral que era en donde estaban esculpidos los ángeles de mármol blanco. Pasó junto a palacio y pudo escuchar el sonido de la música de baile. Una hermosa muchacha salió al balcón con su enamorado.
-¡Qué maravillosas son las estrellas –le decía él-, y que maravilloso es el poder del amor!
-Estoy esperando mi vestido y quiero que esté listo a tiempo para el baile –respondió ella-. He ordenado que me lo borden con pasionarias, ¡pero estas costureras son tan perezosas!
La golondrina voló sobre el río y vio las farolas colgando de los mástiles de los barcos. Voló sobre el ghetto, y vio a los viejos judíos regateando entre ellos y pesando dinero en balanzas de cobre. Finalmente llegó a la humilde casa y miró adentro. El chico se encontraba en su cama, tosiendo enfebrecido y la madre se había quedado dormida porque hallábase muy cansada.
La golondrina se introdujo en la habitación y dejó caer el enorme rubí sobre la mesa, cerca del dedal de la mujer. Entonces revoloteó suavemente alrededor de la cama, abanicando la frente del niño con sus alas.
-¡Qué fresco siento! –exclamó en chico- Debo estar mejor -y cayo en un delicioso sueño.
De nuevo la golondrina voló regresando junto al Príncipe Feliz y le contó lo que había visto.
-Es curioso –comentó-, pero he entrado en calor ahora, aunque hace tanto frío.
-Eso es porque has realizado una buena acción –dijo le Príncipe, y la pequeña golondrina comenzó a pensar y después se durmió; siempre que pensaba le entraba sueño.
Al despuntar el día, ella voló sobre el río y tomó un baño.
-¡Qué fenómeno más notable! –dijo el profesor de ornitología, mientras pasaba por el puente- ¡Una golondrina en invierno! –y escribió una larga carta acerca de ello enviándola al periódico local. Cada lector se interesó mucho, pero estaba llena de tantas palabras que no lo pudieron entender.
-¡Esta noche me iré a Egipto! –proclamó la golondrina y estaba muy animada ante la perspectiva. Pero antes fue a visitar todos los monumentos públicos, permaneciendo largo tiempo sobre el campanario de la iglesia.
Donde quiera que ella pasaba los gorriones murmuraban entre sí:
-¡Qué extranjera más distinguida! –lo que a ella la colmaba de satisfacción.
El príncipe feliz - Oscar Wilde (2da parte.)
Cuando salió la luna voló hacia el Príncipe Feliz. -¿Has de darme algún recado para Egipto? –quiso saber-; tengo que partir ahora.
-Golondrina, golondrina, pequeña golondrina –rogó el Príncipe-, ¿quieres quedarte conmigo otra noche más?
-Me esperan en Egipto –respondió la golondrina-. Mañana mis amigas volarán sobre la segunda catarata. Allí los hipopótamos se acuestan entre los cañaverales, y sobre un gran trono de granito está sentado el dios Memnón. Toda la noche vigila las estrellas y cuando amanece el lucero del alba, exhala un grito de alegría y luego queda en silencio. A medio día los amarillos leones se acercan a beber al borde de la laguna; tienen los ojos verdes como berilos y rugen con una fuerza que sobrepasa el estruendo de la catarata.
-Golondrina, golondrina, pequeña golondrina –dijo el Príncipe-, lejos, al otro lado de la ciudad, veo a un joven en una buhardilla, está ante un escritorio cubierto de papeles, y en un jarro que hay sobre la mesa, se marchita un ramo de violetas. Su pelo es castaño y se encuentra revuelto, sus labios son rojos como la granada y sus ojos grandes y soñadores. Está ansioso por concluir un libreto para el director del teatro, pero se halla demasiado entumecido por el frío para poder escribir. No hay fuego en la chimenea y está hambriento y muy débil.
-Me quedaré contigo otra noche más –se avino la golondrina, quien en verdad tenía muy buen corazón-. ¿Debo llevarle otro rubí?
-¡Ay de mí!, no tengo ya rubíes –exclamó el Príncipe-, mis ojos son lo único que me queda. Están hechos de raros zafiros traídos de la India hace mil años. Sácame uno de ellos y dáselo a él. Puede venderlo al joyero, comprar comida y leña y terminar su obra.
-¡Querido Príncipe –protestó la golondrina-, eso no puedo hacerlo! –y comenzó a llorar.
-Golondrina, golondrina, pequeña golondrina –rogó el Príncipe-, haz lo que te pido.
Así pues la golondrina arrancó el ojo al Príncipe y voló hasta la buhardilla del estudiante. Era muy fácil entrar allí por un agujero en el tejado, y ella, rauda como una flecha, penetró en la habitación. Puesto que el joven tenía el rostro entre las manos, no atendió el revoloteo de sus alas y cuando miró vio el hermoso zafiro caído sobre el ramo de las violetas marchitas.
-¡Estoy comenzando a ser apreciado! –exclamó-. Seguro que esto viene de parte de algún importante admirador. Ahora podré terminar mi obra –y contempló el zafiro por completo feliz.
Al día siguiente la golondrina voló hacia la bahía, y posándose sobre el mástil de un gran bajel vio a los marineros arrastrando enormes cajas por medio de maromas e izando después cada una de ellas.
-¡Me voy a Egipto! –pregonó la golondrina, pero nadie estaba dispuesto a escucharla, y cuando la luna salió, fue volando a reunirse con el Príncipe Feliz.
-He venido a decirte adiós- exclamó.
-Golondrina, golondrina, pequeña golondrina –rogó el Príncipe-, ¿quieres quedarte conmigo una noche más?
-Estamos en invierno –objetó la golondrina-, y el escalofrío de la nieve pronto estará aquí. En Egipto el sol calienta las verdes palmeras y los cocodrilos se acuestan en el lodo y miran perezosos alrededor suyo. Mis compañeras hacen sus nidos en las edificaciones de Baalbec, y las palomas rosadas y blancas están arrullándose en los salientes de los templos. Querido Príncipe, he de dejarte, pero nunca te olvidaré, y la próxima primavera te traeré dos hermosas joyas en lugar de las que me diste. El rubí será más rojo que la más encendida rosa, y el zafiro puede ser tan azul como el inmenso mar.
-Allá abajo en la plaza –indicó el Príncipe Feliz-, hay una pequeña cerillera. Ha dejado caer los fósforos en el arroyo, y se han mojado. Su padre la pegará si no trae a casa algún dinero y la niña está llorando. No tiene zapatos ni medias y lleva la cabeza sin sombrero. Arráncame el otro ojo y dáselo a ella, así su padre no la pegará.
-Permaneceré contigo otra noche –repuso la golondrina-, pero no te arrancaré el ojo; ¡te quedarías completamente ciego!
-Golondrina, golondrina, pequeña golondrina –rogó el Príncipe-, haz lo que te lo pido.
Ella entonces le arrancó el otro ojo, voló rauda como una flecha, pasando por encima de la pequeña cerillera, y deslizó la joya dentro de su mano.
-¡Qué encantador pedazo de cristal! –exclamó la muchachita y se fue corriendo a su casa entre risas.
Entonces la golondrina volvió con el Príncipe.
-Ahora que tú estás ciego –le dijo-, me quedaré contigo para siempre.
-No pequeña golondrina –contestó el pobre Príncipe-, debes irte a Egipto.
-Me quedaré contigo para siempre –repitió la golondrina y se durmió a los pies del Príncipe.
Todo el día siguiente estuvo posada sobre el hombro del Príncipe Feliz contándole historias que tenían que ver con tierras extranjeras. Le habló de los rojos ibis que permanecían en hileras a los largo de las riberas del Nilo cogiendo peces de oro con sus picos; de la Esfinge que es tan vieja como el mundo, vive en el desierto y lo sabe todo; de los mercaderes que andan lentamente junto a sus camellos mientras pasan entre los dedos las cuentas ámbar de sus rosarios; del rey de las montañas de la Luna, que es negro como el ébano y adora un gran cristal; de la enorme serpiente verde que duerme en una palmera y tiene veinte sacerdotes que la alimentan con pasteles de miel; y de los pigmeos que navegan sobre un gran lago en anchas hojas planas, y que están siempre en guerra con las mariposas.
-Pequeña y querida golondrina –dijo el Príncipe-, tú me hablas de cosas maravillosas, pero más maravilloso es el sufrimiento de hombres y mujeres; no hay misterio tan grande como la miseria. Vuela sobre mi ciudad, pequeña golondrina y dime que es lo que ves.
Entonces la golondrina voló sobre la gran ciudad y vio a los ricos gozosos en sus alegres mansiones mientras los mendigos estaban sentados a sus portales. Voló por el interior de oscuras callejuelas y vio las blancas caras de los niños hambrientos contemplando con ojos apagados las negras calles.
Debajo de los arcos de un puente dos chicos pequeños pretendían engañar al frío confundidos en un abrazo.
-¡Cuánta hambre tenemos! –se lamentaban.
-No debéis estar aquí –les reprendió un vigilante y ellos se marcharon caminando bajo la lluvia.
La golondrina voló, contándole al Príncipe lo que había visto.
-Estoy recubierto de láminas de oro fino –dijo el Príncipe-, debes quitármelas una por una, dándoselas a los pobres; creo que el oro puede hacerles felices.
Lámina tras lámina de oro fino fue arrancando la golondrina con su pico hasta llevárselas todas y el Príncipe Feliz se quedó completamente despojado igual que un pobre, y los niños recobraron el color en sus rostros, y rieron y jugaron en la calle.
-¡Tenemos pan ahora! –gritaban.
Cuando la nieve cayó y después de la nieve vino la escarcha, las calles brillaban tan resplandecientes como si estuvieran hechas de plata; carámbanos cristalinos, aguzados como dagas, colgaban desde los aleros de las casas; la gente iba envuelta en pieles y los niños lucían rojas capuchas y patinaban sobre el hielo.
La pobre golondrina tenía más y más frío, pero no deseaba abandonar al Príncipe; le quería demasiado. Picoteaba las migas de la panadería cuando el panadero no estaba mirando e intentaba darse calor agitando las alas.
Mas al final dióse cuenta de que se moría; sólo le quedaban fuerzas para volar otra vez hasta el hombro del Príncipe.
-¡Adiós, querido Príncipe –murmuró-, ¿puedo besar tu mano?
-Me siento muy contento de que por fin te marches, pequeña golondrina –dijo el Príncipe-; ya has permanecido demasiado tiempo aquí, pero debes besarme en los labios porque te amo.
-No es a Egipto a donde voy –replicó la golondrina- Voy a la Casa de la Muerte. La Muerte es la hermana del Sueño, ¿no es cierto?
Y besó al Príncipe en los labios cayendo muerta a sus pies.
En ese momento un crujido singular resonó dentro de la estatua como si se estuviera rompiendo, y es que el corazón de plomo se había partido en dos. Además hacía un frío terrible.
A la, mañana siguiente, temprano, el Alcalde estaba paseando por la plaza en compañía de los concejales.
Cuando llegaron junto a la columna, miró hacia arriba en dirección a la estatua.
-¡Dios mío!, ¿qué miserable Príncipe Feliz es el que veo?
-¡Cuán miserable, ciertamente! –corearon los concejales que siempre estaban de acuerdo con el Alcalde, y contemplaron al Príncipe.
-El rubí ha caído de su espada, no tiene ojos y ya no es de oro –dijo el Alcalde-. Ahora no resulta mejor que un mendigo.
-¡Ahora no resulta mejor que un mendigo! –repitieron a coro los concejales.
-¡Y hay un pájaro muerto a sus pies! –prosiguió el Alcalde- Debemos promulgar un edicto: los pájaros no han de morirse aquí.
Y el secretario del Ayuntamiento tomó nota de la sugerencia.
Entonces, entre todos, echaron abajo la estatua del Príncipe Feliz.
-Como ya no es hermosa, ha dejado de ser útil –comentó el profesor de la Universidad.
La estatua se fundió en un horno, y el Alcalde convocó una reunión del pleno, para decidir que habían de hacer con el metal.
-Deberíamos tener otra estatua, por supuesto –dijo-, y puede ser mi propia estatua.
-¡O la mía! –exclamó cada uno de los concejales y se pusieron a discutir.
Cuando se les vio por última vez aún seguían litigando.
-¿Qué cosa más extraña! –dijo el capataz de los obreros de la fundición. Este corazón de plomo está roto pero el plomo no se ha fundido. Debemos tirarlo.
Así que lo arrojaron sobre un montón de basura en donde también se hallaba la golondrina muerta.
-Tráeme las dos cosas más preciosas que haya en la ciudad –le ordenó Dios a uno de Sus ángeles, y el ángel le trajo un pesado corazón de plomo y una golondrina muerta.
-Has hecho bien las cosas –dijo Dios-, porque en mi Jardín del Paraíso este pajarito podrá cantar eternamente, y en mi ciudad de oro el Príncipe Feliz entonará mis alabanzas.
FIN
-Golondrina, golondrina, pequeña golondrina –rogó el Príncipe-, ¿quieres quedarte conmigo otra noche más?
-Me esperan en Egipto –respondió la golondrina-. Mañana mis amigas volarán sobre la segunda catarata. Allí los hipopótamos se acuestan entre los cañaverales, y sobre un gran trono de granito está sentado el dios Memnón. Toda la noche vigila las estrellas y cuando amanece el lucero del alba, exhala un grito de alegría y luego queda en silencio. A medio día los amarillos leones se acercan a beber al borde de la laguna; tienen los ojos verdes como berilos y rugen con una fuerza que sobrepasa el estruendo de la catarata.
-Golondrina, golondrina, pequeña golondrina –dijo el Príncipe-, lejos, al otro lado de la ciudad, veo a un joven en una buhardilla, está ante un escritorio cubierto de papeles, y en un jarro que hay sobre la mesa, se marchita un ramo de violetas. Su pelo es castaño y se encuentra revuelto, sus labios son rojos como la granada y sus ojos grandes y soñadores. Está ansioso por concluir un libreto para el director del teatro, pero se halla demasiado entumecido por el frío para poder escribir. No hay fuego en la chimenea y está hambriento y muy débil.
-Me quedaré contigo otra noche más –se avino la golondrina, quien en verdad tenía muy buen corazón-. ¿Debo llevarle otro rubí?
-¡Ay de mí!, no tengo ya rubíes –exclamó el Príncipe-, mis ojos son lo único que me queda. Están hechos de raros zafiros traídos de la India hace mil años. Sácame uno de ellos y dáselo a él. Puede venderlo al joyero, comprar comida y leña y terminar su obra.
-¡Querido Príncipe –protestó la golondrina-, eso no puedo hacerlo! –y comenzó a llorar.
-Golondrina, golondrina, pequeña golondrina –rogó el Príncipe-, haz lo que te pido.
Así pues la golondrina arrancó el ojo al Príncipe y voló hasta la buhardilla del estudiante. Era muy fácil entrar allí por un agujero en el tejado, y ella, rauda como una flecha, penetró en la habitación. Puesto que el joven tenía el rostro entre las manos, no atendió el revoloteo de sus alas y cuando miró vio el hermoso zafiro caído sobre el ramo de las violetas marchitas.
-¡Estoy comenzando a ser apreciado! –exclamó-. Seguro que esto viene de parte de algún importante admirador. Ahora podré terminar mi obra –y contempló el zafiro por completo feliz.
Al día siguiente la golondrina voló hacia la bahía, y posándose sobre el mástil de un gran bajel vio a los marineros arrastrando enormes cajas por medio de maromas e izando después cada una de ellas.
-¡Me voy a Egipto! –pregonó la golondrina, pero nadie estaba dispuesto a escucharla, y cuando la luna salió, fue volando a reunirse con el Príncipe Feliz.
-He venido a decirte adiós- exclamó.
-Golondrina, golondrina, pequeña golondrina –rogó el Príncipe-, ¿quieres quedarte conmigo una noche más?
-Estamos en invierno –objetó la golondrina-, y el escalofrío de la nieve pronto estará aquí. En Egipto el sol calienta las verdes palmeras y los cocodrilos se acuestan en el lodo y miran perezosos alrededor suyo. Mis compañeras hacen sus nidos en las edificaciones de Baalbec, y las palomas rosadas y blancas están arrullándose en los salientes de los templos. Querido Príncipe, he de dejarte, pero nunca te olvidaré, y la próxima primavera te traeré dos hermosas joyas en lugar de las que me diste. El rubí será más rojo que la más encendida rosa, y el zafiro puede ser tan azul como el inmenso mar.
-Allá abajo en la plaza –indicó el Príncipe Feliz-, hay una pequeña cerillera. Ha dejado caer los fósforos en el arroyo, y se han mojado. Su padre la pegará si no trae a casa algún dinero y la niña está llorando. No tiene zapatos ni medias y lleva la cabeza sin sombrero. Arráncame el otro ojo y dáselo a ella, así su padre no la pegará.
-Permaneceré contigo otra noche –repuso la golondrina-, pero no te arrancaré el ojo; ¡te quedarías completamente ciego!
-Golondrina, golondrina, pequeña golondrina –rogó el Príncipe-, haz lo que te lo pido.
Ella entonces le arrancó el otro ojo, voló rauda como una flecha, pasando por encima de la pequeña cerillera, y deslizó la joya dentro de su mano.
-¡Qué encantador pedazo de cristal! –exclamó la muchachita y se fue corriendo a su casa entre risas.
Entonces la golondrina volvió con el Príncipe.
-Ahora que tú estás ciego –le dijo-, me quedaré contigo para siempre.
-No pequeña golondrina –contestó el pobre Príncipe-, debes irte a Egipto.
-Me quedaré contigo para siempre –repitió la golondrina y se durmió a los pies del Príncipe.
Todo el día siguiente estuvo posada sobre el hombro del Príncipe Feliz contándole historias que tenían que ver con tierras extranjeras. Le habló de los rojos ibis que permanecían en hileras a los largo de las riberas del Nilo cogiendo peces de oro con sus picos; de la Esfinge que es tan vieja como el mundo, vive en el desierto y lo sabe todo; de los mercaderes que andan lentamente junto a sus camellos mientras pasan entre los dedos las cuentas ámbar de sus rosarios; del rey de las montañas de la Luna, que es negro como el ébano y adora un gran cristal; de la enorme serpiente verde que duerme en una palmera y tiene veinte sacerdotes que la alimentan con pasteles de miel; y de los pigmeos que navegan sobre un gran lago en anchas hojas planas, y que están siempre en guerra con las mariposas.
-Pequeña y querida golondrina –dijo el Príncipe-, tú me hablas de cosas maravillosas, pero más maravilloso es el sufrimiento de hombres y mujeres; no hay misterio tan grande como la miseria. Vuela sobre mi ciudad, pequeña golondrina y dime que es lo que ves.
Entonces la golondrina voló sobre la gran ciudad y vio a los ricos gozosos en sus alegres mansiones mientras los mendigos estaban sentados a sus portales. Voló por el interior de oscuras callejuelas y vio las blancas caras de los niños hambrientos contemplando con ojos apagados las negras calles.
Debajo de los arcos de un puente dos chicos pequeños pretendían engañar al frío confundidos en un abrazo.
-¡Cuánta hambre tenemos! –se lamentaban.
-No debéis estar aquí –les reprendió un vigilante y ellos se marcharon caminando bajo la lluvia.
La golondrina voló, contándole al Príncipe lo que había visto.
-Estoy recubierto de láminas de oro fino –dijo el Príncipe-, debes quitármelas una por una, dándoselas a los pobres; creo que el oro puede hacerles felices.
Lámina tras lámina de oro fino fue arrancando la golondrina con su pico hasta llevárselas todas y el Príncipe Feliz se quedó completamente despojado igual que un pobre, y los niños recobraron el color en sus rostros, y rieron y jugaron en la calle.
-¡Tenemos pan ahora! –gritaban.
Cuando la nieve cayó y después de la nieve vino la escarcha, las calles brillaban tan resplandecientes como si estuvieran hechas de plata; carámbanos cristalinos, aguzados como dagas, colgaban desde los aleros de las casas; la gente iba envuelta en pieles y los niños lucían rojas capuchas y patinaban sobre el hielo.
La pobre golondrina tenía más y más frío, pero no deseaba abandonar al Príncipe; le quería demasiado. Picoteaba las migas de la panadería cuando el panadero no estaba mirando e intentaba darse calor agitando las alas.
Mas al final dióse cuenta de que se moría; sólo le quedaban fuerzas para volar otra vez hasta el hombro del Príncipe.
-¡Adiós, querido Príncipe –murmuró-, ¿puedo besar tu mano?
-Me siento muy contento de que por fin te marches, pequeña golondrina –dijo el Príncipe-; ya has permanecido demasiado tiempo aquí, pero debes besarme en los labios porque te amo.
-No es a Egipto a donde voy –replicó la golondrina- Voy a la Casa de la Muerte. La Muerte es la hermana del Sueño, ¿no es cierto?
Y besó al Príncipe en los labios cayendo muerta a sus pies.
En ese momento un crujido singular resonó dentro de la estatua como si se estuviera rompiendo, y es que el corazón de plomo se había partido en dos. Además hacía un frío terrible.
A la, mañana siguiente, temprano, el Alcalde estaba paseando por la plaza en compañía de los concejales.
Cuando llegaron junto a la columna, miró hacia arriba en dirección a la estatua.
-¡Dios mío!, ¿qué miserable Príncipe Feliz es el que veo?
-¡Cuán miserable, ciertamente! –corearon los concejales que siempre estaban de acuerdo con el Alcalde, y contemplaron al Príncipe.
-El rubí ha caído de su espada, no tiene ojos y ya no es de oro –dijo el Alcalde-. Ahora no resulta mejor que un mendigo.
-¡Ahora no resulta mejor que un mendigo! –repitieron a coro los concejales.
-¡Y hay un pájaro muerto a sus pies! –prosiguió el Alcalde- Debemos promulgar un edicto: los pájaros no han de morirse aquí.
Y el secretario del Ayuntamiento tomó nota de la sugerencia.
Entonces, entre todos, echaron abajo la estatua del Príncipe Feliz.
-Como ya no es hermosa, ha dejado de ser útil –comentó el profesor de la Universidad.
La estatua se fundió en un horno, y el Alcalde convocó una reunión del pleno, para decidir que habían de hacer con el metal.
-Deberíamos tener otra estatua, por supuesto –dijo-, y puede ser mi propia estatua.
-¡O la mía! –exclamó cada uno de los concejales y se pusieron a discutir.
Cuando se les vio por última vez aún seguían litigando.
-¿Qué cosa más extraña! –dijo el capataz de los obreros de la fundición. Este corazón de plomo está roto pero el plomo no se ha fundido. Debemos tirarlo.
Así que lo arrojaron sobre un montón de basura en donde también se hallaba la golondrina muerta.
-Tráeme las dos cosas más preciosas que haya en la ciudad –le ordenó Dios a uno de Sus ángeles, y el ángel le trajo un pesado corazón de plomo y una golondrina muerta.
-Has hecho bien las cosas –dijo Dios-, porque en mi Jardín del Paraíso este pajarito podrá cantar eternamente, y en mi ciudad de oro el Príncipe Feliz entonará mis alabanzas.
FIN
sábado, 21 de agosto de 2010
¿Qué es Dios?
"¿Qué es Dios?
He escuchado de Él.
Lo escucho nombrar,
Mas no lo puedo ver.
¿Qué es Dios?
Sólo quiero saber...
¿Por qué todos hablan...
de su grandeza, su poder?
No es un gigante, ni fuerza posee...
No escucho que me hable,
entonces, ¿qué es?
¿Por qué es tan nombrado?
¿Por qué lo adoran?
¿Por que hablan sin cesar
de su fuerza creadora?
De su misericordia,
de su amor...
¿Quién es ese Dios?
Yo no lo conozco.
Dime tú quién es...
Sólo quiero saber.
Ese Dios, ¿quién es?"
Yo no dije nada,
yo sólo callé.
Callé y escuché,
cada sencilla palabra.
El pequeño me miraba,
tenía curiosidad.
Dios le intrigaba,
lo podía notar.
Yo sonreí, inhalé,
exhalé, y sonreí.
Le miré con paciencia,
sonreí una vez más,
me senté a su lado,
y empecé a hablar:
"¿Quién es ese Dios?
[Es tu Dios. Mi Dios.]
Es el Dios de todos.
Es el Dios que te ama,
Es aquél que no falla.
Es un Dios amoroso,
de acciones, no palabras.
Es un Dios verdadero,
un Dios imponente.
[Mi Dios. Es tu Dios.]
El Dios de la gente.
Dices que no puedes verlo.
Mira a tu alrededor. ¿Qué ves?
No observes el mundo,
ignora lo material.
Disfruta de la vista que te ofrece la naturaleza.
Los paisajes, las flores,
el mar y animales.
La tierra, el cielo,
las montañas y destellos
que el sol nos ofrece.
Eso es Dios.
Su grandeza, su poder...
¿qué te puedo decir?
Si nos hizo a todos
a imagen de Él,
¿no es eso grandeza,
de corazón, de espíritu?
Y ¿qué hay de su poder?
Ocasionó el diluvio
en tiempos de Noé.
Pero luego prometió
no volverlo a hacer.
Su justicia divina, debes aprender,
castiga a quien lo merece,
premia al que obedece.
Ese es tu Dios, mi Dios,
un Dios de poder.
No escuchas que te hable,
pero Él habla otro lenguaje.
Presta atención:
cierra tus ojos,
escucha atentamente...
¿qué te dice el corazón?
Ese es mi Dios, tu Dios.
¿Por qué es muy nombrado?
porque nos ha creado.
¿Por qué lo adoramos?
porque nos amó primero,
y en respuesta le amamos.
Su misericordia, su amor...
Ahora abre tus ojos,
observa al mundo.
Observa al ser humano.
Su comportamiento, su enojo.
Su falta de amor, sustituido por el odio.
Observa su trato,
y cómo se causan malos ratos.
Dios los perdonó.
Eso es misericordia.
Una palabra de arrepentimiento
será más que suficiente
para que sean bienvenidos
al Reino de los Cielos.
Así es mi Dios, tu Dios.
Es un Dios de amor.
Es fiel, es poderoso,
grande, misericordioso.
Nos creó, por amor.
Su hijo entregó, por amor.
Nos perdonó, por amor...
La palabra lo dice:
Dios es amor.
¿Quién es Dios?
Mi Dios, tu Dios...
Es un Dios de amor."
El pequeño sonrió.
Cerró sus ojitos.
La mano colocó en su corazón,
los abrió nuevamente
y me miró felizmente.
En ese momento,
en sus ojos,
vi a Dios.
Gabriela Millán.
He escuchado de Él.
Lo escucho nombrar,
Mas no lo puedo ver.
¿Qué es Dios?
Sólo quiero saber...
¿Por qué todos hablan...
de su grandeza, su poder?
No es un gigante, ni fuerza posee...
No escucho que me hable,
entonces, ¿qué es?
¿Por qué es tan nombrado?
¿Por qué lo adoran?
¿Por que hablan sin cesar
de su fuerza creadora?
De su misericordia,
de su amor...
¿Quién es ese Dios?
Yo no lo conozco.
Dime tú quién es...
Sólo quiero saber.
Ese Dios, ¿quién es?"
Yo no dije nada,
yo sólo callé.
Callé y escuché,
cada sencilla palabra.
El pequeño me miraba,
tenía curiosidad.
Dios le intrigaba,
lo podía notar.
Yo sonreí, inhalé,
exhalé, y sonreí.
Le miré con paciencia,
sonreí una vez más,
me senté a su lado,
y empecé a hablar:
"¿Quién es ese Dios?
[Es tu Dios. Mi Dios.]
Es el Dios de todos.
Es el Dios que te ama,
Es aquél que no falla.
Es un Dios amoroso,
de acciones, no palabras.
Es un Dios verdadero,
un Dios imponente.
[Mi Dios. Es tu Dios.]
El Dios de la gente.
Dices que no puedes verlo.
Mira a tu alrededor. ¿Qué ves?
No observes el mundo,
ignora lo material.
Disfruta de la vista que te ofrece la naturaleza.
Los paisajes, las flores,
el mar y animales.
La tierra, el cielo,
las montañas y destellos
que el sol nos ofrece.
Eso es Dios.
Su grandeza, su poder...
¿qué te puedo decir?
Si nos hizo a todos
a imagen de Él,
¿no es eso grandeza,
de corazón, de espíritu?
Y ¿qué hay de su poder?
Ocasionó el diluvio
en tiempos de Noé.
Pero luego prometió
no volverlo a hacer.
Su justicia divina, debes aprender,
castiga a quien lo merece,
premia al que obedece.
Ese es tu Dios, mi Dios,
un Dios de poder.
No escuchas que te hable,
pero Él habla otro lenguaje.
Presta atención:
cierra tus ojos,
escucha atentamente...
¿qué te dice el corazón?
Ese es mi Dios, tu Dios.
¿Por qué es muy nombrado?
porque nos ha creado.
¿Por qué lo adoramos?
porque nos amó primero,
y en respuesta le amamos.
Su misericordia, su amor...
Ahora abre tus ojos,
observa al mundo.
Observa al ser humano.
Su comportamiento, su enojo.
Su falta de amor, sustituido por el odio.
Observa su trato,
y cómo se causan malos ratos.
Dios los perdonó.
Eso es misericordia.
Una palabra de arrepentimiento
será más que suficiente
para que sean bienvenidos
al Reino de los Cielos.
Así es mi Dios, tu Dios.
Es un Dios de amor.
Es fiel, es poderoso,
grande, misericordioso.
Nos creó, por amor.
Su hijo entregó, por amor.
Nos perdonó, por amor...
La palabra lo dice:
Dios es amor.
¿Quién es Dios?
Mi Dios, tu Dios...
Es un Dios de amor."
El pequeño sonrió.
Cerró sus ojitos.
La mano colocó en su corazón,
los abrió nuevamente
y me miró felizmente.
En ese momento,
en sus ojos,
vi a Dios.
Gabriela Millán.
Reseña Crónicas de Narnia
SINOPSIS
Bueno, extraído de Wikipedia porque no encontré otra página. ¡No critiquen, seguro ustedes son igual de piratas! ;)
Las Crónicas de Narnia (título original en inglés:The Chronicles of Narnia) es una heptalogía de libros infantiles escrita por el escritor y profesor anglo-irlandés C. S. Lewis entre 1949 y 1954, e ilustrado, en su versión original, por Pauline Baynes. Relata las aventuras en Narnia, tierra de fantasía y magia creada por el autor, y poblada por animales parlantes y otras criaturas mitológicas que se ven envueltas en la eterna lucha entre el bien y el mal. Aslan, un legendario león creador del país de Narnia, se constituye como el auténtico protagonista de todos los relatos (si bien los cuatro hermanos Pevensie: Peter, Susan, Lucy y Edmund, aunque ausentes directamente en dos títulos, sirven de hilo conductor). La saga es considerada un clásico de la literatura infantil, y es el trabajo más conocido del autor, habiendo vendido más de 100 millones de ejemplares, y siendo traducida a más de 41 idiomas. Las Crónicas de Narnia se han adaptado varias veces, completa o en parte, por la radio, la televisión, el cine y el teatro. Además de numerosos temas cristianos tradicionales, la serie toma los personajes y las ideas de la mitología griega y la mitología romana, así como de los cuentos de hadas tradicionales británicos e irlandeses.
OPINIÓN PERSONAL
"Narnia, la tierra donde todo puede suceder."
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¿Qué? ¿No les bastó con eso?
¡Tan sólo esas 7 palabras (sí, las conté, no tenía ideas de cuántas eran) me hacen querer leer Narnia! A mí parecer, es el mejor autor del mundo. Clive Staples Lewis (además, amo su nombre. Muy artístico, ¿no?), narrando como si se dirigiera a ti, específicamente, como si la historia te la estuviese contando a ti, en lugar de haber publicado todos esos millones de copias (arriba dice cuántos son, no exijas)... Es asombrosa la forma en que hace que te metas tanto en el mundo Narniano, que no querrás salir de él. ¡Yo todavía quiero ir a Narnia! Y pienso ir. :)
Mi personaje preferido acá es Edmund... un poquito gruñón al principio, pero poco a poco lo irán conociendo, y ya me dirán si están de acuerdo conmigo.
El león Aslan, por supuesto, el Gran León, el Melenudo, el Gatito (ah, no, eso no era). Es la representación de Jesús (Dios, Cristo, Jesucristo, etc.) en nuestro mundo.
Si leen un poquito de la Biblia, y han escuchado historias bíblicas por ahí, estoy segura de que se darán cuenta de la analogía bíblica que poseen todos los libros, aunque sea un poquitín.
Creo que este es mi libro preferido. Claro, son siete. Mi preferido es el último, creo... (siempre he tenido predilección por los finales) y de corazón, que son increíblemente buenos.
Además, aquí entre nosotros... Son cortos. :)
Un beso, ¡bendiciones!
Bueno, extraído de Wikipedia porque no encontré otra página. ¡No critiquen, seguro ustedes son igual de piratas! ;)
Las Crónicas de Narnia (título original en inglés:The Chronicles of Narnia) es una heptalogía de libros infantiles escrita por el escritor y profesor anglo-irlandés C. S. Lewis entre 1949 y 1954, e ilustrado, en su versión original, por Pauline Baynes. Relata las aventuras en Narnia, tierra de fantasía y magia creada por el autor, y poblada por animales parlantes y otras criaturas mitológicas que se ven envueltas en la eterna lucha entre el bien y el mal. Aslan, un legendario león creador del país de Narnia, se constituye como el auténtico protagonista de todos los relatos (si bien los cuatro hermanos Pevensie: Peter, Susan, Lucy y Edmund, aunque ausentes directamente en dos títulos, sirven de hilo conductor). La saga es considerada un clásico de la literatura infantil, y es el trabajo más conocido del autor, habiendo vendido más de 100 millones de ejemplares, y siendo traducida a más de 41 idiomas. Las Crónicas de Narnia se han adaptado varias veces, completa o en parte, por la radio, la televisión, el cine y el teatro. Además de numerosos temas cristianos tradicionales, la serie toma los personajes y las ideas de la mitología griega y la mitología romana, así como de los cuentos de hadas tradicionales británicos e irlandeses.
OPINIÓN PERSONAL
"Narnia, la tierra donde todo puede suceder."
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¿Qué? ¿No les bastó con eso?
¡Tan sólo esas 7 palabras (sí, las conté, no tenía ideas de cuántas eran) me hacen querer leer Narnia! A mí parecer, es el mejor autor del mundo. Clive Staples Lewis (además, amo su nombre. Muy artístico, ¿no?), narrando como si se dirigiera a ti, específicamente, como si la historia te la estuviese contando a ti, en lugar de haber publicado todos esos millones de copias (arriba dice cuántos son, no exijas)... Es asombrosa la forma en que hace que te metas tanto en el mundo Narniano, que no querrás salir de él. ¡Yo todavía quiero ir a Narnia! Y pienso ir. :)
Mi personaje preferido acá es Edmund... un poquito gruñón al principio, pero poco a poco lo irán conociendo, y ya me dirán si están de acuerdo conmigo.
El león Aslan, por supuesto, el Gran León, el Melenudo, el Gatito (ah, no, eso no era). Es la representación de Jesús (Dios, Cristo, Jesucristo, etc.) en nuestro mundo.
Si leen un poquito de la Biblia, y han escuchado historias bíblicas por ahí, estoy segura de que se darán cuenta de la analogía bíblica que poseen todos los libros, aunque sea un poquitín.
Creo que este es mi libro preferido. Claro, son siete. Mi preferido es el último, creo... (siempre he tenido predilección por los finales) y de corazón, que son increíblemente buenos.
Además, aquí entre nosotros... Son cortos. :)
Un beso, ¡bendiciones!
Una pequeña reflexión
¿Cuántas veces has despertado con un sentimiento extraño? ¿Cuántas veces te acuestas en la noche, quizás un poco inconforme con tu día, a pesar de que tu día no estuvo nada mal? Y, ¿cuántas veces has cambiado tu estado anímico sin saber por qué? Te preguntas qué es lo que te afectó, o qué pasa, pero no lo sabes. En realidad no sabes qué pasa, y buscas una "vía de escape". Buscas el afecto en amigos, en palabras, te desahogas con tu diario, tal vez, o lees un libro, ves una película para escapar a lo que sientes, y sumergirte en otra cosa... Tantas formas que hay para evitar lo que en realidad sucede: te sientes vacío.
No porque no tengas amigos, o porque no tienes lo que quieres. No porque te falten cosas materiales, ni porque tu familia no te quiera o comprenda. No porque tu novio/a y tú no se estén llevando bien últimamente... Por supuesto, todo esto puede pasar... Por separado, en conjunto... Quizás es la suma de todo esto, más alguna enfermedad que tú o un ser querido padecen... Porque de verdad, hay personas a las que les ha tocado duro.
La realidad es que yo he estado en tu lugar muchas veces. Yo me he sentido mal, quizás porque he pasado por un mal momento, pero días después, continúa esa incomodidad, esa sensación de que algo falta. Pues, hay muchas otras formas en que te puedes sentir... Quizás tienes otras formas para describirlo. Quizás no es sólo un sentimiento, sino que se ha convertido en un hecho. A lo mejor no es un vacío ya, sino que tu actitud ha cambiado a partir de algo que pasó. ¿Estás agresivo, respondón, triste, nostálgico, indiferente, cansado, flojo, u orgulloso?
La respuesta a todo esto, es la oración. Sí, oración. ¡Dios te AMA! No dudes en recurrir a Él, sin importar las circunstancias. No busques a los hombres, pues el hombre busca la carne. No busques lo material, pues lo material nunca es bueno. Busca a Dios, en todo momento. Ese vacío en tu corazón, ese pequeño peso que sientes en el pecho, no es nada más que Dios llamándote, diciéndote que vuelvas a Él. En algún momento, antes de llegar a este mundo, pertenecías a Él... Hoy todavía perteneces a Dios, ¡por supuesto! Pero cada día nos vamos enfocando más en lo carnal, en lo terreno... Dios sólo quiere lo mejor para nosotros... Por experiencia propia, y con toda la sinceridad: una vez que te alejas de Él, nada es igual. Te lo aseguro: vale más un minuto con Dios, que diez mil años sin Él.
Por eso, te invito a orar. Prueba el maravilloso poder de la oración, siempre y cuando ores de corazón, sinceramente, y para bien. Llegará el momento en que el Señor dirá: "Ahora no.", o "No es el momento", e incluso "No.". Pero si esto sucede, te aseguro que es por tu bien. Te aseguro que Dios no quiere nada más, sino tu bienestar... ¡Cristo se entregó por ti! Por tu vida. ¿Qué otra demostración de amor deseas?
Ámale, búscale, siéntele. Dios está en tu corazón. Siempre ha estado allí. Sólo está esperando que decidas buscarle para empezar a transformar tu corazón, tu alma.
¡El amor de Dios es infinito! Ora, y desaparecerá todo mal. Con Él eres tú realmente, estás renovado. Si has leído esto, es porque Dios así lo ha querido. Regresa a Él, quien te está esperando con los brazos abiertos, una sonrisa, y diciendo: "Tú eres mi hijo amado".
¡¡DIOS LOS BENDIGA!!
No porque no tengas amigos, o porque no tienes lo que quieres. No porque te falten cosas materiales, ni porque tu familia no te quiera o comprenda. No porque tu novio/a y tú no se estén llevando bien últimamente... Por supuesto, todo esto puede pasar... Por separado, en conjunto... Quizás es la suma de todo esto, más alguna enfermedad que tú o un ser querido padecen... Porque de verdad, hay personas a las que les ha tocado duro.
La realidad es que yo he estado en tu lugar muchas veces. Yo me he sentido mal, quizás porque he pasado por un mal momento, pero días después, continúa esa incomodidad, esa sensación de que algo falta. Pues, hay muchas otras formas en que te puedes sentir... Quizás tienes otras formas para describirlo. Quizás no es sólo un sentimiento, sino que se ha convertido en un hecho. A lo mejor no es un vacío ya, sino que tu actitud ha cambiado a partir de algo que pasó. ¿Estás agresivo, respondón, triste, nostálgico, indiferente, cansado, flojo, u orgulloso?
La respuesta a todo esto, es la oración. Sí, oración. ¡Dios te AMA! No dudes en recurrir a Él, sin importar las circunstancias. No busques a los hombres, pues el hombre busca la carne. No busques lo material, pues lo material nunca es bueno. Busca a Dios, en todo momento. Ese vacío en tu corazón, ese pequeño peso que sientes en el pecho, no es nada más que Dios llamándote, diciéndote que vuelvas a Él. En algún momento, antes de llegar a este mundo, pertenecías a Él... Hoy todavía perteneces a Dios, ¡por supuesto! Pero cada día nos vamos enfocando más en lo carnal, en lo terreno... Dios sólo quiere lo mejor para nosotros... Por experiencia propia, y con toda la sinceridad: una vez que te alejas de Él, nada es igual. Te lo aseguro: vale más un minuto con Dios, que diez mil años sin Él.
Por eso, te invito a orar. Prueba el maravilloso poder de la oración, siempre y cuando ores de corazón, sinceramente, y para bien. Llegará el momento en que el Señor dirá: "Ahora no.", o "No es el momento", e incluso "No.". Pero si esto sucede, te aseguro que es por tu bien. Te aseguro que Dios no quiere nada más, sino tu bienestar... ¡Cristo se entregó por ti! Por tu vida. ¿Qué otra demostración de amor deseas?
Ámale, búscale, siéntele. Dios está en tu corazón. Siempre ha estado allí. Sólo está esperando que decidas buscarle para empezar a transformar tu corazón, tu alma.
¡El amor de Dios es infinito! Ora, y desaparecerá todo mal. Con Él eres tú realmente, estás renovado. Si has leído esto, es porque Dios así lo ha querido. Regresa a Él, quien te está esperando con los brazos abiertos, una sonrisa, y diciendo: "Tú eres mi hijo amado".
¡¡DIOS LOS BENDIGA!!
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Sinopsis Harry Potter
SINOPSIS
La historia comienza con la celebración del mundo mágico. Durante muchos años, había sido aterrorizado por el malvado mago Lord Voldemort. La noche anterior, el 31 de octubre, Voldemort descubrió el refugio escondido de la familia Potter y mató a Lily y James Potter. Sin embargo, cuando intenta matar a su hijo de 1 año, Harry, la maldición asesina Avada Kedavra se vuelve sobre sí mismo. El cuerpo de Voldemort resulta destruido, pero su espíritu sobrevive: no está muerto ni vivo. Por su parte, a Harry sólo le queda una cicatriz con forma de rayo en la frente que es el único remanente físico de la maldición de Voldemort. Harry es el único superviviente de la maldición asesina, y a raíz de la misteriosa derrota de Voldemort, el mundo mágico comienza a llamarlo «el niño que sobrevivió».
El 1 de noviembre, Rubeus Hagrid, un semi-gigante, deja a Harry con los únicos parientes que le quedan, los crueles Dursley. Éstos son su tío Vernon, su tía Petunia y Dudley, su primo obeso y malcriado. Ellos intentarán en vano esconder su herencia mágica (por ejemplo, al decirle que sus padres murieron en un accidente de tráfico, o castigándolo severamente después de cualquier comportamiento extraño). Sin embargo, la víspera de su undécimo cumpleaños, Harry tiene su primer contacto con el mundo mágico cuando recibe cartas del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, las cuales eran entregadas por lechuzas, aunque su tío impide que pueda leerlas. Ya en su cumpleaños, Hagrid aparece y le dice a Harry que existe un mundo mágico y otro «muggle» y, puesto que él es un mago, ha sido invitado a asistir al colegio.
A partir de ese momento, Harry pasa la mayor parte de su tiempo en Hogwarts, donde vive muchas aventuras relacionadas con el segundo ascenso al poder de Voldemort, que continúa con sus planes de dominar el mundo mágico y eliminar el mundo muggle. Cada libro cuenta un año (generalmente de julio a junio, salvo algunos flashbacks) de los siete que Harry debe pasar en Hogwarts para terminar su formación mágica.
OPINIÓN PERSONAL
Bueno, francamente… ¿Quién no ha oído hablar de esta heptalogía? Afrontémoslo: si no has leído esta historia, entonces has visto las películas, o al menos una de ellas. Si no es ninguna de las dos opciones, pero sabes más o menos de qué va la cosa, sinceramente… ¡Estás perdiéndote de algo!
Harry Potter y la Piedra Filosofal fue el primer libro que leí, y al principio toda la historia me parecía un poco sosa. Pero después de este libro, entré en la fiebre HarryPotteresca (bien, no es una palabra, ¿y qué?) y leí todos los libros y he visto todas las películas que han salido.
J.K. Rowling creó todo un mundo a partir de esa pared de la estación nueve y tres cuartos, en Londres. Un mundo mágico, donde está (claro, no podía faltar) el tipo antagónico, malvado y con complejos de que puede dominar todo lo que en realidad no puede; el niño héroe que ha sufrido de todo en la vida, y aún así es desinteresado y busca la paz mundial y todo eso; el tipo viejo y sabio que ayuda al héroe, aconsejándolo y casi que señalándole con un montón de flechas hacia dónde debe ir y qué debe hacer… Entre otros.
Para mí, Harry Potter tiene trama como para 4 series distintas… Admiro el trabajo y la forma de escribir de esta autora, y a pesar de que tengo entendido que no seguirá escribiendo otras novelas, si llegara a hacerlo, sería una de las primeras personas en leerlo (quizás una de las primeras 100 millones de personas, ¡pero al fin y al cabo una de las primeras!).
Otro punto a favor para la heptalogía, es la forma en que cada uno de los detalles cuadra perfectamente al final de la historia. Con un poquitín de romance, bastante de fantasía, mucho de misterio, algo de comedia y mucha pero mucha magia, estos libros saltaron al éxito y hoy en día pueden considerarse entre los más conocidos a nivel mundial.
La historia comienza con la celebración del mundo mágico. Durante muchos años, había sido aterrorizado por el malvado mago Lord Voldemort. La noche anterior, el 31 de octubre, Voldemort descubrió el refugio escondido de la familia Potter y mató a Lily y James Potter. Sin embargo, cuando intenta matar a su hijo de 1 año, Harry, la maldición asesina Avada Kedavra se vuelve sobre sí mismo. El cuerpo de Voldemort resulta destruido, pero su espíritu sobrevive: no está muerto ni vivo. Por su parte, a Harry sólo le queda una cicatriz con forma de rayo en la frente que es el único remanente físico de la maldición de Voldemort. Harry es el único superviviente de la maldición asesina, y a raíz de la misteriosa derrota de Voldemort, el mundo mágico comienza a llamarlo «el niño que sobrevivió».
El 1 de noviembre, Rubeus Hagrid, un semi-gigante, deja a Harry con los únicos parientes que le quedan, los crueles Dursley. Éstos son su tío Vernon, su tía Petunia y Dudley, su primo obeso y malcriado. Ellos intentarán en vano esconder su herencia mágica (por ejemplo, al decirle que sus padres murieron en un accidente de tráfico, o castigándolo severamente después de cualquier comportamiento extraño). Sin embargo, la víspera de su undécimo cumpleaños, Harry tiene su primer contacto con el mundo mágico cuando recibe cartas del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, las cuales eran entregadas por lechuzas, aunque su tío impide que pueda leerlas. Ya en su cumpleaños, Hagrid aparece y le dice a Harry que existe un mundo mágico y otro «muggle» y, puesto que él es un mago, ha sido invitado a asistir al colegio.
A partir de ese momento, Harry pasa la mayor parte de su tiempo en Hogwarts, donde vive muchas aventuras relacionadas con el segundo ascenso al poder de Voldemort, que continúa con sus planes de dominar el mundo mágico y eliminar el mundo muggle. Cada libro cuenta un año (generalmente de julio a junio, salvo algunos flashbacks) de los siete que Harry debe pasar en Hogwarts para terminar su formación mágica.
OPINIÓN PERSONAL
Bueno, francamente… ¿Quién no ha oído hablar de esta heptalogía? Afrontémoslo: si no has leído esta historia, entonces has visto las películas, o al menos una de ellas. Si no es ninguna de las dos opciones, pero sabes más o menos de qué va la cosa, sinceramente… ¡Estás perdiéndote de algo!
Harry Potter y la Piedra Filosofal fue el primer libro que leí, y al principio toda la historia me parecía un poco sosa. Pero después de este libro, entré en la fiebre HarryPotteresca (bien, no es una palabra, ¿y qué?) y leí todos los libros y he visto todas las películas que han salido.
J.K. Rowling creó todo un mundo a partir de esa pared de la estación nueve y tres cuartos, en Londres. Un mundo mágico, donde está (claro, no podía faltar) el tipo antagónico, malvado y con complejos de que puede dominar todo lo que en realidad no puede; el niño héroe que ha sufrido de todo en la vida, y aún así es desinteresado y busca la paz mundial y todo eso; el tipo viejo y sabio que ayuda al héroe, aconsejándolo y casi que señalándole con un montón de flechas hacia dónde debe ir y qué debe hacer… Entre otros.
Para mí, Harry Potter tiene trama como para 4 series distintas… Admiro el trabajo y la forma de escribir de esta autora, y a pesar de que tengo entendido que no seguirá escribiendo otras novelas, si llegara a hacerlo, sería una de las primeras personas en leerlo (quizás una de las primeras 100 millones de personas, ¡pero al fin y al cabo una de las primeras!).
Otro punto a favor para la heptalogía, es la forma en que cada uno de los detalles cuadra perfectamente al final de la historia. Con un poquitín de romance, bastante de fantasía, mucho de misterio, algo de comedia y mucha pero mucha magia, estos libros saltaron al éxito y hoy en día pueden considerarse entre los más conocidos a nivel mundial.
This is home - Switchfoot Piano Cover
Esta es una de mis canciones preferidas, y la encontré hace un tiempo tocada en piano... ¡Es hermosa! Aquí les dejo el link. Un beso, ¡bendiciones!
http://www.youtube.com/watch?v=rEQJuKneDeU
http://www.youtube.com/watch?v=rEQJuKneDeU
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